Van como locas!!

Estas señoras que caminan por la acera con aparente entusiasmo se sirven de sus andadores y bastones, como ayuda para avanzar con seguridad e independencia. Miran abajo, no porque parezcan deprimidas o faltas de estímulo, sino para controlar el terreno que pisan… y es que probablemente tienen prisa, como cualquier otro ciudadano.

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Su vitalidad produce una cierta alegría porque asociamos con su elevada edad una cierta pasividad y resignación, algo que estas señoras no aparentan. Parecen haber dejado atrás la vergüenza que muchas otras sienten frente al uso de productos de apoyo y gracias a ello podrán seguir disfrutando de autonomía sin apenas riesgos y contribuyendo a la diversidad de nuestras calles.

No obstante, tengo que decir que, aunque simpáticas, no están a la última… No, lo que ahora se lleva son otro tipo de andadores, los llamados roladores o “rollators”, algo tan simple como una estructura tubular con ruedas, frenos, un asiento y una cesta donde llevar la chaqueta o pequeñas compras.

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Los primeros surgieron en los años 70 en Suecia y se extendieron por otros países del norte de Europa, donde han contribuido radicalmente a mejorar la movilidad de muchas personas. Pensemos que según datos de 1994, un 33% de los daneses de más de 60 años no podrían caminar 400 m sin descansar, así que su radio de acción sin algún tipo de ayuda puede ser muy limitado. Gracias a su funcionalidad, los rollators han ido ganando mercados y extendiéndose por países de todo el mundo. Y no parece que esta tendencia vaya a cambiar si pensamos en las prospectivas de crecimiento de personas mayores con problemas de movilidad o que se deberán proteger frente a la tremenda epidemia de nuestras calles y hogares: las caídas.

Según las estadísticas a que he tenido acceso el 4% del total de la población sueca tiene uno de estos aparatos, y un 2,5% de los alemanes; esto es, más de 2,5 millones de personas en este último país. No sólo se han convertido en algo cotidiano en estos países del centro y norte de Europa, sino que algunos ya lo consideran como el primer icono pop de las sociedades envejecidas.

En Japón, el país con mayor proporción de personas mayores del mundo, el número de andadores se duplicó entre 2000 y 2006, mientras cayó el uso de sillas de ruedas. Y a los rollators los llaman el “coche plateado” en referencia a las sienes plateadas de sus usuarios. En Gran Bretaña, siempre reyes del pop y la tendencia, la Reina madre hizo una aparición sonada en un acto público con uno de estos aparatos, perfectamente combinado con el color de su vestido. A partir de ahí muchas señoras británicas se animaron a mostrarse en público con semejante invento.

Los hay de todos tipos y colores, sencillos y de lujo, incluso los hay híbridos, como los coches, pero en este caso entre una silla de ruedas y un rollator. En fin, que los diseñadores están empezando a desarrollar distintas posibilidades, a ofrecer productos de diseño y factura exquisita. Algunos incluso se anuncian como el BMW de las personas ancianas. Y no es para menos: pueden ser el último “vehículo” que podamos conducir, y aquello de “¿te gusta conducir?” quizá se pueda aplicar aquí. Una marca hace poco incluso hizo una llamada a sus clientes para acudir al distribuidor a resolver algún problema de seguridad, como cualquier marca de coches que se precie. Y ya está en camino el rollator 2.0 , que tendrá GPS, tracción eléctrica y sensores para avisar en caso de caída.

Así que no les extrañe toparse con uno en lugares tan inesperados como la Casa del Terror de su parque de atracciones porque en internet ya hay foros que relatan semejantes aventuras. O incluso si un día salen de excursión a la montaña se podrían encontrar con una escena como la de la siguiente foto.  

¿Qué nos dicen estos simpáticos andadores con ruedas sobre el grado de integración y de autonomía de nuestros mayores… y de los que no lo son tanto?

Frente a la versión estrictamente estática del andador sin ruedas, el rollator representa la capacidad de integrarse activamente, de no renunciar a la movilidad dinámica. La alternativa puede ser hacerse acompañar de una persona joven que de seguridad y soporte, para quien se lo pueda permitir, no le quede otro remedio o prefiera una compañía permanente a salir de forma autónoma. Pero si los nórdicos nos llevan enorme ventaja en el uso de estos cachivaches, a pesar de sus temperaturas y humedades tan poco favorables para las artrosis, reumas y demás pegas de la cuarta edad, mi pronóstico es que tenemos mucho espacio para avanzar en incorporar los rollators a nuestras ciudades y pueblos. Además el grado de satisfacción que reportan sus usuarios es muy elevado, aunque se requiera un cierto tiempo de adaptación. Supongo que cuestión de acostumbrarse, como para montar o conducir cualquier vehículo.

Desgraciadamente hay que decir que los rollators son de uso fundamentalmente femenino, no habiendo ninguna razón para que deba ser así, aparte del mayor número de mujeres mayores. Nos sobra sentido de la vergüenza, aquello del “qué dirán” mezclado con el drama interno que todos tenemos al hacernos mayores y que a menudo nos sujeta más al sofá que los propios problemas de movilidad: ¿mayor yo? …pero si no me siento así, si soy el de siempre…

Al usar estas ayudas técnicas nos creemos que parecemos más viejos. Pero habría que comenzar por reconocer que tal vez lo somos, que debemos ser capaces de aligerar la percepción que tenemos de nosotros mismos, de ver con menos gravedad que el tiempo pasa y deja factura.  

Un par de citas para reflexionar sobre esto último:

Desde hace 20 años tengo una rodilla lesionada. Por ello he tenido que caminar con bastón, así que parecía un tullido…. Voy muy despacio, y eso hiere mi ego, porque por dentro ese no soy yo realmente.”        (Percy, 92 años)

Uso muletas, pero cuando salgo encuentro que no me sujetan lo suficiente, así que tengo miedo de caerme. Pensé conseguirme un rollator, pero me pregunto que pensarán de mi. Alguna vez lo he mencionado y se han reído diciendo que es algo de personas mayores. Tengo 36 años, y aunque me gustaría salir a caminar aunque solo fuera por 5 minutos, no querría que se rían de mi”             (testimonio en un foro)

Parece evidente que las ayudas técnicas están imbuidas de un marcado estigma social y personal. Pero la modernidad de las grandes generaciones que se aproximan a la tercera edad comportará que tendremos que consumir muchos productos necesarios, aunque no deseados…

Si antes se escondía a los miembros de las familias nacidos con alguna discapacidad, aún tenemos mucho que avanzar para vivir sin vergüenza y con descaro nuestra propia decadencia o nuestra imperfección (y me acuerdo aquí de Frida Kahlo y algunos otros). No sólo ganará con ello nuestra libertad, también lo hará nuestra economía que podrá evolucionar más allá de la fascinación por todo lo que parezca joven y ofrecer más productos pensados para todos.   

Fernando Alonso López

Algunas referencias utilizadas:

Brandt, A., Iwarsson, S. y Stahl, A. (2003) Satisfaction with rollators among community living users: a follow-up study. Disability and Rehabilitation, vol 25 (7): 343-353.

Kohlbacher, F. (2013) Japan’s silver Eldorado. Le Monde Diplomatique. June

Long, S. O. (2012) Bodies, technologies and aging in Japan: thinking about old people and their silver products. Journal of Cross Cult. Gerontol. 27:119-137. 

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