Ni criada para todo ni cultura tupper: Servicios Personales a Domicilio

Tina Sainz, Florinda Chico o Gracita Morales eran algunas de las criadas para todo (“chachas” se decía) del cine español de los sesenta, justo antes del destape*. Todas ellas estaban recién llegadas del pueblo a la gran ciudad y su candidez y disponibilidad junto a los prejuicios sociales de la época, daban pie a todo tipo de situaciones cómicas en aquellas películas.

Desde entonces las trabajadoras del hogar han cambiado mucho. Ya se sabe, ahora vienen de pueblos mucho más lejanos, y siguen siendo a menudo quienes “cosen los rotos” de la familia: cuidar de la casa, de los niños, de la abuela… Y con el tiempo y los cambios sociales y demográficos, se han llegado a especializar bastante en esta última tarea, haciendo posible que muchos mayores vivan solos en sus casas sin la presencia de los hijos.

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Puede que los hogares de aquella España, y las  correrías de Gracita Morales o José Luis López Vázquez nos resulten inconcebibles hoy, pero la actividad que inspiró aquellas películas no tiende a desaparecer. Por el contrario, parece que de una manera muy diferente será aún más importante en los próximos años.

Por una parte los contundentes números de la transición demográfica indican que la población de más de 80 años se triplicará en los próximos 20 años, y consecuentemente, se duplicará -al menos- el número de personas que requieren cuidados por cuestiones de edad. En segundo lugar, la figura de la sufrida hija que atiende a sus padres, e incluso simultáneamente a sus propios hijos (la llamada generación “sandwich”) tenderá a ir desapareciendo con el cambio generacional.

Por otra parte está el fenómeno de la llamada “cultura tupper”, que viene de la estrategia de venta a domicilio a través de reuniones de amigas que instauró la marca Tupperware, causando furor en los ochenta. Estas reuniones con café y pastas, pueden haber pasado de moda (aunque la Thermomix fue una digna continuadora), pero han sido sustituidas por todo tipo de servicios no-formales o alegales a domicilio: desde aprender a hacer punto o cocinar un cocido, hasta cata de vinos, juguetes eróticos o lo  que se les pueda ocurrir. Sin duda, una salida interesante para la crisis, que aumenta la informalidad de nuestra economía y desde luego no contribuye a bajar las cifras de paro.

Nada en contra de nadie ni su forma de sobrevivir, pero lo que el futuro podría traer es una revolución -formalizada- en este campo: los llamados Servicios Personales y Domésticos (Personal and Household Services), que son aquellos que se prestan a domicilio, tales como atender a una persona con discapacidad, clases de inglés para los niños, limpieza de la cocina, jardinería, cambiar bombillas, etc., de forma legalmente reconocida.

Quienes prestan estos servicios lo hacen directamente, por cuenta propia, o  por medio de una organización que los vende a los hogares. Los primeros son una parte muy importante de la masa trabajadora en el sur de Europa, más del 2% en países como España o Italia, y en total alcanzan hasta un 3% de la fuerza laboral en los países escandinavos. La gran diferencia es que el sector sumergido en estos últimos es muy pequeño, mientras en España o Italia se estima en un 70%.

En Gran Bretaña, donde parece que siempre hay alguna solución bien organizada para un problema específico, existe hasta una figura que se llama handyperson, o “manitas” que desde unas “agencias de mejora del hogar” (HIA’s) sin ánimo de lucro, se han ido extendiendo por todo el país en los últimos veinte años para ayudar a resolver los pequeños problemas de reparación y mantenimiento de muchos hogares. Claro, que los últimos recortes de Cameron se pueden llevar por delante esta figura que normalmente atiende a personas mayores que viven solas y tienen pocos recursos, por lo que se trata de una actividad que la mayoría de personas podía sufragar gracias a subvenciones ahora retiradas.

¿Pueden estos servicios sustituir al mercado informal de cuidados? ¿Pueden favorecer el mantenimiento de las personas mayores/discapacitadas en sus hogares, generando empleo y condiciones de trabajo y atención dignas? ¿Podrán las familias pagarlos? Parece que la respuesta puede ser sí a las tres preguntas, con cierta ayuda del Estado, claro, pero con interesantes contrapartidas para las cuentas públicas. Al menos así se deduce de los trabajos que se están desarrollando de cara a hacer aflorar el enorme iceberg sumergido que representan estos mercados, y que puede ascender a casi 8 millones de trabajadores en toda la UE.

Y no parece ser un negocio ruinoso para el sector público. La clave es que los ingresos de Seguridad Social e impuestos y la reducción de las prestaciones de desempleo puedan compensar las ayudas públicas que se han de dar a las familias.  Así está ocurriendo en países, como Bélgica, que han introducido el sistema de pago mediante bonos (vouchers). Durante 2011 se han creado 100.000 puestos de trabajo en este país gracias a la fórmula que hace más rentable para las familias contratar a una persona en el mercado formal para cualquiera de los servicios domiciliarios que precisa, pagando una cantidad inferior al precio del mercado informal. El Estado cubre la diferencia entre uno y otro, y gracias al aumento de cotizaciones y ahorro en desempleo, puede recuperar entre un 40 y un 45%.

Esta alternativa puede ser particularmente atractiva si comparamos con lo que cuesta a la economía una persona parada. El gráfico siguiente lo muestra para  cada uno de los países señalados. La cifra no solo recoge el coste de la prestación de desempleo, sino la pérdida de contribución social e impuestos.

Fuente: Decker, A. y Valsamis D. (2013) European Commission's Conference on exploiting the employment potential of personal and household services - 31 January 2013

Fuente: Decker, A. y Valsamis D. (2013) European Commission’s Conference on exploiting the employment potential of personal and household services – 31 January 2013

Como vemos, en el caso español, el coste de cada desempleado puede alcanzar el 80% de un salario medio, de modo que podría  existir un buen incentivo para potenciar la formalización de un sector con elevada capacidad de absorción de trabajadores de baja cualificación como los Servicios Personales y Domésticos. No obstante, también existe el peligro de consolidar situaciones cercanas a la marginalidad, si las soluciones pasan por reproducir modelos como el de los Minijobs en Alemania, que se basa en la exención de impuestos y de contribuciones y la reducción de las ganancias a sueldos prácticamente de supervivencia.

El papel de las nuevas tecnologías para la autonomía personal en el hogar es el otro factor que puede abaratar la atención domiciliaria. ¿Serán los sensores y los robots lo que fueron los lavavajillas o lavadoras en décadas anteriores? Es bastante probable. Algunas tecnologías que hace sólo unos años parecían ciencia ficción, como el manejo de dispositivos con el movimiento de los ojos, están absolutamente disponibles y todo tipo de sistemas de seguridad y servicios asociados al teléfono móvil, por ejemplo, se están desarrollando en la actualidad con grandes expectativas de comercialización. Por no hablar de los robots controlables por el usuario o desde un centro de atención, similar al que gestiona la teleasistencia. No estamos hablando de hogares “de película”, sino de algo que ya existe y está en operación, en programas piloto o de vanguardia, pero que se irán introduciendo en nuestra vida, como antes lo hicieron otras máquinas. Puede parecer un panorama orwelliano, pero se habrán de ajustar mecanismos de protección acordes para que no lo sea.

Fuente: Olsson, S. (2013) Technologies for informal carers. European Commission Conference on Exploiting the employment potential of personal and household services” 30-31 January 2013, Brussels

Fuente: Olsson, S. (2013) Technologies for informal carers. European Commission Conference on Exploiting the employment potential of personal and household services 30-31 January 2013, Brussels

La actual crisis se está llevando muchas cosas por delante. La expectativa de un trabajo fijo por cuenta ajena y bien pagado es una de ellas. Decía el economista alemán Schumacher que “lo pequeño es hermoso”, abriendo una corriente crítica contra la concentración de poder económico, el gasto desmedido o el consumo de recursos a gran escala. Quizá suene a mensaje de Los Verdes, pero en el mundo globalizado la prestación de servicios personales y las economías de proximidad tendrán que coexistir cada vez más con la actividad de grandes corporaciones. Los servicios personales, en el hogar, pueden ser una pequeña revolución que ayude a recomponer el puzle de sociedades envejecidas, con bajas pensiones, pocas prestaciones públicas pero elevados requerimientos de autonomía.

La combinación de las estrategias de formalización y expansión de mercados de atención y servicios domiciliarios con la aplicación de nuevas tecnologías puede contribuir a cuadrar el círculo de una creciente necesidad  con escasa capacidad de financiación y gran cantidad de recursos humanos desaprovechados. Quizá no tenga la gracia de aquellas viejas películas de los años 60, pero estas soluciones pueden contribuir a mirar con algo más de optimismo algunos de  los grandes retos que tenemos por delante.

Fernando Alonso López, Director ACCEPLAN

Más información sobre el tema en el apartado Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión, de la página web de la Comisión Europea.

*  películas con contenido sexual o desnudos que surgieron tras la desaparición de la censura franquista, en la transición política española.

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